Los perros que le siguen el rastro a los cazadores furtivos en India
A finales de junio, una patrulla forestal en el centro de India encontró catorce venados muertos alrededor de un estanque envenenado, uno de los casos de envenenamiento masivo de herbívoros silvestres más grandes reportados en la zona. Sin testigos ni cámaras, el caso parecía condenado a quedar sin resolver. La pieza clave llegó con cuatro patas: una pastora belga malinois entrenada para rastrear olores siguió huellas que llevaron a los guardas hasta una vivienda donde había carne fresca, sangre, trampas y otros indicios que permitieron detener a tres sospechosos.
Desde 2008, la organización WWF-India ha entrenado más de 120 unidades caninas —cada una con un perro y dos guías— desplegadas en 22 estados para apoyar a las autoridades forestales en la detección de tráfico de fauna: pieles de tigre, escamas de pangolín, marfil y animales vivos, entre otros. El entrenamiento, que combina obediencia y detección de olores específicos, toma entre siete y nueve meses, y continúa después con rutinas diarias de ejercicio para mantener el olfato del animal en condiciones óptimas frente a lluvia, calor extremo o vegetación densa.
Casos como el de Daisy, una perra que ha resuelto cinco casos de crimen contra la vida silvestre en menos de dos años en la reserva de Kanha, o el de Hunter, que siguió un rastro de más de cinco kilómetros hasta dar con quien taló árboles de teca de forma ilegal en Telangana, muestran por qué estos equipos se han vuelto indispensables para departamentos forestales con personal limitado y experiencia investigativa escasa. Especialistas señalan que los perros tienen alrededor de 200 millones de receptores olfativos —humanos tenemos cerca de cinco millones— lo que los vuelve capaces de detectar rastros que ningún ojo humano podría encontrar, incluso después de que el agua o la lluvia hayan borrado otras pistas.
Más allá de resolver casos, la sola presencia de estos equipos disuade a compradores y cazadores en mercados y ferias cercanas a las reservas. Cuando Rana, un perro que ayudó a resolver más de 53 casos de tráfico de fauna en Karnataka, murió en 2022, el departamento forestal del estado le organizó un funeral con honores, un gesto normalmente reservado a oficiales de carrera distinguida.
Desde 2008, la organización WWF-India ha entrenado más de 120 unidades caninas —cada una con un perro y dos guías— desplegadas en 22 estados para apoyar a las autoridades forestales en la detección de tráfico de fauna: pieles de tigre, escamas de pangolín, marfil y animales vivos, entre otros. El entrenamiento, que combina obediencia y detección de olores específicos, toma entre siete y nueve meses, y continúa después con rutinas diarias de ejercicio para mantener el olfato del animal en condiciones óptimas frente a lluvia, calor extremo o vegetación densa.
Casos como el de Daisy, una perra que ha resuelto cinco casos de crimen contra la vida silvestre en menos de dos años en la reserva de Kanha, o el de Hunter, que siguió un rastro de más de cinco kilómetros hasta dar con quien taló árboles de teca de forma ilegal en Telangana, muestran por qué estos equipos se han vuelto indispensables para departamentos forestales con personal limitado y experiencia investigativa escasa. Especialistas señalan que los perros tienen alrededor de 200 millones de receptores olfativos —humanos tenemos cerca de cinco millones— lo que los vuelve capaces de detectar rastros que ningún ojo humano podría encontrar, incluso después de que el agua o la lluvia hayan borrado otras pistas.
Más allá de resolver casos, la sola presencia de estos equipos disuade a compradores y cazadores en mercados y ferias cercanas a las reservas. Cuando Rana, un perro que ayudó a resolver más de 53 casos de tráfico de fauna en Karnataka, murió en 2022, el departamento forestal del estado le organizó un funeral con honores, un gesto normalmente reservado a oficiales de carrera distinguida.
Fuente: Reasons to be Cheerful