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Salud Internacional

Los Juegos Transplante: cuando ganar una medalla ya es lo de menos

Robert Lindemann tiene 32 años, es contador en Alemania y hace poco más de un año recibió un trasplante de corazón, una intervención que en su país solo viven unas cientos de personas anualmente (dato no verificado el número exacto). En junio viajó a Arnhem, Países Bajos, para participar en los Juegos Europeos de Trasplantados, un evento deportivo de estilo olímpico que reunió a alrededor de 600 atletas.

Lo particular de esta competencia no es solo quién gana, sino quién puede participar: personas trasplantadas de órganos o células madre, pacientes en diálisis, donantes vivos y familiares de donantes —vivos o fallecidos—. Hay desde atletas que entrenan todo el año hasta principiantes como Lindemann, que decidió probar boliche, petanca y lanzamiento de bala apenas ocho meses después de su cirugía, en la edición mundial del año anterior.

Para él, lo más valioso no fue competir, sino encontrarse con otros que atravesaban lo mismo: aprender a vivir de nuevo con un cuerpo distinto, con miedos distintos, con una cotidianidad que de pronto había que reconstruir. Ese acompañamiento entre pares fue lo que lo impulsó a repetir la experiencia este año en Arnhem.

Fuente: Reasons to be Cheerful