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Sociedad Internacional

Lavanderías con estantes de libros: la apuesta de un grupo de voluntarios para que niños en EE. UU. lean mientras esperan la ropa

En un suburbio de Cincinnati, Ohio, una vecina llamada Janice Weiser colocó cuatro canastas de libros infantiles en la pared de la lavandería que frecuenta. Cada ejemplar lleva una etiqueta que invita a leerlo, quedárselo o pasarlo a otra persona. Weiser repone el material cada diez días junto a otra voluntaria, y así se sumó a una red que ya opera en más de 200 lavanderías de Estados Unidos: la Laundromat Library League.

La organización nació hace más de una década en Pensilvania, cuando dos residentes notaron que los niños que acompañaban a sus familias a lavar la ropa pasaban ese tiempo muerto frente a una pantalla prestada. Con libros donados y el permiso del dueño del local, armaron el primer estante de lectura. Desde 2014 el modelo se replicó de forma descentralizada: cada punto lo gestionan voluntarios locales, con apoyo logístico de la liga —donaciones de libros, orientación para negociar con los dueños de las lavanderías y criterios para que las colecciones reflejen a la comunidad que las usa, ya sea en español, coreano o en lenguas de comunidades indígenas de Estados Unidos.

La motivación de fondo es un dato incómodo: el tiempo dedicado a la lectura por placer cayó 40% en dos décadas en ese país, y cerca del 70% de los niños de familias de bajos ingresos no alcanza el nivel de lectura esperado en cuarto grado, en parte porque simplemente no tienen libros a la mano en casa. Un estudio de 2019 en lavanderías de Nueva York encontró que cuando había espacios de lectura habilitados, los niños interactuaban con actividades de alfabetización 30 veces más que en locales sin esa opción. La liga calcula haber distribuido más de 400 mil libros en la última década (dato no verificado el detalle exacto de la metodología de conteo).

Fuente: Reasons to be Cheerful