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Sociedad Internacional

En Estados Unidos, cada vez más papás toman su licencia de paternidad completa — y la cultura laboral empieza a notarlo

A.J. Johnson vivió dos paternidades casi opuestas dentro de la misma carrera como bombero en Washington. Cuando nació su primer hijo en 2019, tuvo que juntar días de incapacidad acumulados para tomarse apenas seis semanas, mientras lidiaba con compañeros que presumían haber vuelto al trabajo horas después del parto. Dos años más tarde, con el programa estatal de licencia familiar pagada ya en marcha, pudo tomarse casi cinco meses combinando licencia pagada, incapacidad y vacaciones, sin perder ingresos. La diferencia, dice, no fue solo económica: le permitió construirse como padre de forma distinta, con tiempo real para acompañar a su esposa y a sus dos hijos sin la presión de desaparecer un día entero por turno.

Su historia ilustra un cambio más amplio documentado por Paid Leave For All, una organización que impulsa estas políticas en Estados Unidos. Catorce estados y Washington D.C. ya cuentan con programas de licencia familiar pagada, y en la mayoría de ellos los padres están tomando una proporción de licencia casi igual a la de las madres; en Colorado y Washington incluso la superan. Antes de que existieran estos programas, tres de cada cuatro padres no tomaban ningún tiempo libre al nacer sus hijos, frente a menos del 18% de las madres, según cifras del Center for Economic and Policy Research citadas en el reporte.

El contraste entre estados es marcado: en California, cuando el programa arrancó en 2004, los hombres tomaron apenas 15% de las licencias de vínculo con el bebé; el año pasado llegaron al 50%. En Nueva Jersey pasaron de 11% a 33% en un lapso similar, tras aumentar el monto del beneficio y garantizar que el puesto de trabajo quede protegido durante la licencia. James Liu, quien trabaja en una empresa tecnológica en San Francisco, representa ya a otra generación: para él, tomar sus doce semanas de licencia cuando nació su hija no fue una decisión difícil sino algo casi esperado, parte de la cultura laboral que ya encontró instalada.

La investigación citada en el reporte asocia estas licencias con beneficios concretos: mejor salud mental para los padres, vínculos más sólidos con sus hijos a largo plazo, mayor reparto del trabajo doméstico y menores tasas de divorcio. También benefician a las madres, que logran lactar por más tiempo y reportan mayor satisfacción de vida. Aun así, en los 36 estados sin programas de este tipo, la brecha entre padres y madres sigue siendo amplia, y solo un 14% de los trabajadores estadounidenses tenía acceso a licencia de paternidad pagada hacia 2018 (dato no verificado si esa cifra se mantiene vigente).

Fuente: Reasons to be Cheerful (The 74)