De un colegio público en El Salvador a simular misiones espaciales en Alabama: la ruta de Fátima Méndez
Fátima Méndez Mata tiene 17 años, cursa bachillerato en El Salvador y hace unos meses vivió algo que ella misma describe como impensable hasta hace poco: una semana simulando ser astronauta en el Space Camp del U.S. Space & Rocket Center, en Huntsville, Alabama. El viaje no fue un golpe de suerte aislado, sino el resultado de un proceso que arrancó en 2024, cuando entró a Supérate, un programa salvadoreño que ofrece formación complementaria a jóvenes de zonas vulnerables y escuelas públicas. Ella misma reconoce que la motivación inicial vino de casa: dos primos ya graduados del programa fueron su referencia para animarse a empezar.
Entrar no fue gratis en esfuerzo. Fátima sostuvo durante meses una doble jornada —clases regulares de bachillerato por la tarde y materias de inglés, informática y valores por la mañana— que al principio la dejaba agotada y la obligó a adaptarse a un grupo de compañeros que no conocía. Con el tiempo, ese cansancio inicial se transformó en participación activa, incluso apoyando a otros estudiantes del programa.
Su acercamiento a la ciencia no fue abstracto: en un proyecto escolar trabajó en una propuesta tecnológica pensada para ayudar a personas afectadas por lluvias intensas que tienen dificultades para llegar a albergues. Ese tipo de trabajo, dice, la conectó con la idea de que la ciencia puede resolver problemas reales de su entorno, y fue parte de lo que la llevó a un proceso de selección para el campamento espacial, cuyo resultado conoció en noviembre del año pasado (dato no verificado el año exacto de la selección más allá de lo indicado por la fuente).
En Alabama compartió actividades con jóvenes salvadoreños y panameños: simulaciones de misión que duraban horas, manuales técnicos, fallas por resolver en equipo y clases sobre operaciones espaciales e historia de misiones reales. El inglés fue, según cuenta, el primer obstáculo con el que chocó al llegar. De vuelta en casa, fue la primera de su familia en viajar sola fuera del país, y su madre —entre orgullo y preocupación— lloró al recibir la noticia. Su hermano menor entró este año al mismo programa Supérate, inspirado en lo que ella vivió. Fátima ahora busca universidades y becas para estudiar Ingeniería Mecatrónica.
Entrar no fue gratis en esfuerzo. Fátima sostuvo durante meses una doble jornada —clases regulares de bachillerato por la tarde y materias de inglés, informática y valores por la mañana— que al principio la dejaba agotada y la obligó a adaptarse a un grupo de compañeros que no conocía. Con el tiempo, ese cansancio inicial se transformó en participación activa, incluso apoyando a otros estudiantes del programa.
Su acercamiento a la ciencia no fue abstracto: en un proyecto escolar trabajó en una propuesta tecnológica pensada para ayudar a personas afectadas por lluvias intensas que tienen dificultades para llegar a albergues. Ese tipo de trabajo, dice, la conectó con la idea de que la ciencia puede resolver problemas reales de su entorno, y fue parte de lo que la llevó a un proceso de selección para el campamento espacial, cuyo resultado conoció en noviembre del año pasado (dato no verificado el año exacto de la selección más allá de lo indicado por la fuente).
En Alabama compartió actividades con jóvenes salvadoreños y panameños: simulaciones de misión que duraban horas, manuales técnicos, fallas por resolver en equipo y clases sobre operaciones espaciales e historia de misiones reales. El inglés fue, según cuenta, el primer obstáculo con el que chocó al llegar. De vuelta en casa, fue la primera de su familia en viajar sola fuera del país, y su madre —entre orgullo y preocupación— lloró al recibir la noticia. Su hermano menor entró este año al mismo programa Supérate, inspirado en lo que ella vivió. Fátima ahora busca universidades y becas para estudiar Ingeniería Mecatrónica.
Fuente: Infobae